Una planificación de un curso educativo es algo muy serio. Cuando se hace de buena manera se facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando no se hace o se realiza de una manera impropia, entonces, el proceso se ve alterado fundamentalmente porque los alumnos no tienen claridad acerca de lo que se espera de ellos y porque los docentes, tampoco saben a ciencia cierta hacia donde deben guiar a sus estudiantes.
En el caso de formación por competencias, una planificación integra los elementos que permitan señalar los objetivos propuestos y los indicadores de logro del mismo.
Sin embargo, en una educación integral, no sólo se apunta al conocimiento de destrezas cognitivas. Una verdadera formación integra:
- Conocimientos, es básico, pero es el primer paso. El aspecto teórico es fundamental porque a partir de allí se construye.
- Habilidades, que son las competencias que se espera que el alumno desarrolle.
- Actitudes, que tienen que ver con habilidades de tipo afectiva que se espera que el alumno desarrolle.
- Aptitudes, es decir, se parte de lo que el alumno es capaz de realizar para llevarlo a lo que debe adquirir.
- Valores, porque una verdadera educación no es sólo aceptación de determinados conocimientos, sino implica asumir un valor como propio, más aún en la educación cristiana.
Por otro lado, para planificar se tiene que tener en cuenta el portafolio de evidencias con sus rúbricas respectivas para establecer con claridad los criterios que permitirán al alumno saber si ha alcanzado o no la habilidad que se espera.
Conceptos básicos
- Habilidades. Responden a el "saber cómo". Se refiere a competencias que debería adquirir el alumno, que implica dominar una tarea y realizar las acciones que ello implica.
- Actitudes. Responden al "saber para qué". Integra principios y valores que le dan sentido a la competencia adquirida. En este campo es donde se produce la integración de fe y enseñanza.
- Estrategias. Responden al "saber cuándo". En ese sentido, el alumno es capaz de responder ante una situación problemática o nueva a partir de las habilidades adquiridas.
Evaluación
Una buena planificación debe incluir un elemento de evaluación, de otro modo, no se sabe si se han alcanzado los objetivos respecto a las competencias esperadas.
La evaluación mide el logro de las competencias, pero de manera clara, sin intentar sorprender al estudiante, sino con criterios que el estudiante pueda conocer y autoevaluarse.
Las rúbricas de evaluación deben ser claras, específicas y sin intentar que el alumno se sienta acorralado, porque ese no el propósito.
Una buena evaluación por competencias:
- Evalúa lo que el alumno hará en la vida real, en ese sentido, no se concentra sólo en el aspecto cognitivo sino en la práctica.
- Evalúa con criterios claros y sin ninguna intención escondida.
- Evalúa en función de competencias que el estudiante conoce que son esperables.
- Evalúa lo que es alcanzable.
- Facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje al fijar criterios claros que sirven de motivación y autoevaluación.
Algunas precisiones
Los enunciados de las competencias deben reunir las siguientes características:
- Estar expresados en presente.
- Ser específicos.
- Apuntar a lo real.
- Precisar explícitamente la habilidad que se espera.
- Jerarquizar por área de conocimiento, eso implica, no solicitar una habilidad superior, sin antes haber superado las que exigen menos habilidad.
Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez